viernes, 11 de julio de 2014

El jazmín

Jazmines con los que intentamos crear una valla vegetal.


El jazmín es una planta trepadora que no es demasiado invasiva ni destructora de paredes; otras trepadoras que hay en la finca sí que lo son y puedo dar fe del peligro que suponen para la firmeza de los muros de mampostería. De hecho, el jazmín, como no tenga una sujeción, difícilmente se agarra a una superficie vertical por muy porosa o irregular que sea. Para elevarlas es necesario poner una guía en la que se vaya enroscando; y muchas veces hay que ir anudando, porque su tendencia es a desarrollarse horizontalmente. Sin embargo esta tarea de llevarla donde se desea no siempre es posible: como diga que no, que por allí no quiere ir, no vale empeñarse; las puntas forman una bola y no continúan. La razón exacta no la sé. En un principio creí que tendría que ver con su posición con respecto a la del sol, pero o yo no me acabo de orientar, o ellas son muy caprichosas y van por donde les da la gana.
Conseguir plantar un jazmín es muy sencillo. En las épocas de extensión, —ahora, por ejemplo, en julio—, se corta uno de los múltiples brotes que salen de las larguiruchas ramas y se trasplanta a una maceta: si no enraíza es porque no habremos cortado uno de estos brotes, sino una ramita cualquiera. Una vez que nos aseguremos de que ha agarrado, la podemos poner en otra maceta mayor o bien colocarla en tierra directamente en el lugar deseado. Tarda en hacerse grande, pero una vez que ha conseguido un tamaño respetable, probablemente habrá que irla podando y arreglando para que no se nos vaya de las manos. No requiere ningún cuidado, a no ser el riego si la hemos puesto en maceta.
La floración más importante se da en primavera; después, durante el verano, en el momento extensivo de la planta, se da una segunda mucho más mermada que la anterior. La fragancia del jazmín es única, embriagadora, excitante, cautivadora… Para el que escribe, es quizá con el de las azucenas, los alhelíes y el azahar, la fragancia más suave y sugerente de las flores. En mi memoria han quedado recuerdos imborrables del olor de un jazmín cuyas ramas ascendían hasta las ventanas de una habitación en una casa rural de Granada, en concreto en el pueblo de Dúrcal… Aparte del perfume, el jazmín también ahuyenta los mosquitos, así que miel sobre hojuelas.
En nuestro jardín los tenemos repartidas por varios sitios. La mata más importante, la hemos colocado en el acceso a un taller variopinto donde guardamos las herramientas necesarias para cuidar la finca y el huerto y que sirve de invernadero; yo lo llamo la UVI, porque ahí tenemos las plantas pequeñitas, las que hemos trasplantado, las que requieren algún cuidado especial… También la estamos utilizando para crear una tupida malla verde en una alambrada que separa visualmente nuestra finca de la de uno de los vecinos. Esta malla cuando se puso era de hojas pequeñas de plástico que con el paso del tiempo y el desgaste a consecuencia del impacto del viento, se han ido desprendiendo, lo que ha supuesto que se haya ido quedando desnuda y, lo más importante, arrojando esas diminutas hojitas al prado que se juntan con hierba y son recogidas con el cortacésped pasando a formar parte del compost..
Flor del jazmín

Un clavel del aire entre las ramas de un jazmín

El jazmín de la "UVI"


Los mismos jazmines nueve años después

Un poco de publicidad personal...




Te presento esta novela ambientada en Salamanca que acabo de publicar, por si te animas a leerla.

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O bien la puedes conseguir en papel (16 €) o formato ebook (4,49 €) en varias plataformas on line, tanto en España, como en otros países -la forma más rápida es a través de AMAZON-:

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Sinopsis

El asesinato de un diputado en un museo de Madrid lleva a un inspector inexperto a Salamanca, circunscripción por la que es electo el difunto. Durante la estancia en la ciudad se adentrará en el mundo académico, político y social en busca de indicios que expliquen los motivos que han llevado al verdugo a cometer tal atrocidad. El proceso indagatorio conducirá al detective a plantearse alguno de los principios por los que ha de regirse en su oficio, después de entrevistarse con testigos poco habituales que no parecen entristecerse con la muerte del político y que no aportan datos significativos del caso.

El ambiente de la localidad universitaria de principios de los noventa del siglo pasado, extraño para el protagonista, más la resolución del caso, le dejarán la sensación de fracaso de su valía profesional y, sobre todo, del papel que le corresponde como agente al servicio de la justicia. 

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