miércoles, 1 de octubre de 2014

Lastres (Asturias)


Es uno de los pueblos marineros de la costa asturiana más próxima a la cántabra. Últimamente he oído nombrar este pueblo en varios reportajes de viajes; el último ha sido en El viajero, suplemento de El País, en el que se incluye a Lastres como uno de los doce pueblos más bonitos de España... Y no hace mucho, en El Diario Montañés, se animaba a los lectores a conocer este enclave marinero. He de reconocer que nuestra visita se debió a esta sugerencia.
No seré yo el que desautorice a esos reporteros. Lastres es un pueblo que merece la pena visitar, pero no conviene llegar condicionado por ninguna referencia. Hemos de descubrir el pueblo como si nadie nos lo hubiera recomendado. Es mucho mejor porque descubriremos el encanto del lugar, la magia, la luz, la paz, lo que sea que nos trasmita, y probablemente estas sensaciones serán más entrañables para el viajero que cualquier otro tipo de referencias que nos hagan del sitio las guías turísticas al uso.


A Lastres se le descubre cuando has llegado al fin del recorrido urbano, cuando se llega al puerto. Veremos antes de llegar a él, la mar, la pequeña playa a los pies del pueblo cuando la marea esté baja, mas el pueblo blanco colgado de las laderas, lo descubriremos cuando salgamos del coche y volvamos la vista atrás y veamos ese lienzo de casas escalonadas. Hemos ido buscando la mar, el puerto y nos sorprendemos con la estampa más bonita de la visita. Interesante es esta panorámica, sobre todo al atardecer, a contraluz, cuando la blancura de las fachadas ilumina las sombras de las colinas que arropan a un mar que en esa parte de la costa no parece tan inmenso ni amenazador. Esa imagen del pueblo desde el puerto puede ser un buen recuerdo. Tal vez nos nos convenga desear mucho más. Quizá nos imaginemos, cuando apresuradamente retrocedamos andando en busca de sus plazas, de sus calles, de su casas, de sus rincones, que nos queda lo mejor por descubrir. No. Vayamos con calma. Subamos, por ejemplo, por una estrecha escalera por la que antaño los marineros descendían ligeros a embarcar en pos de la ballena divisada en lontananza; nosotros veremos unas calles estrechas, cortas, empinadas, laberínticas, pero alegremente habitadas por unos vecinos que con sus ventanas abiertas enseñan sus salones, sus pasillos y con ellos su decoración doméstica, sus flores... Sabremos qué es lo que están aderezando para la comida y casi nos gustaría compartir con ellos sus viandas. Lo que no encontraremos serán los servicios imprescindibles para el asueto del viajero: ni bares ni tiendas. Si hemos llegado próximos a la hora de comer, habremos de bajar al puerto y  buscar un restaurante; o si no, retroceder al inicio del pueblo, casi a las afueras. Si elegimos una buena ubicación en el comedor podremos contemplar la panorámica primera y última de nuestra estancia en Lastres mientras degustamos los frutos de la mar. ¡Buen apetito!
(Desde casa a Lastres hay más o menos 123 kilómetros y se tarda una hora y veinte minutos)






martes, 16 de septiembre de 2014

Oña (Burgos)

OÑA (BURGOS)

Alguien puede sorprenderse de que anime a visitar Las Merindades partiendo desde Cantabria, pero, si nos paramos a pensar y echar cuentas, comprobaremos que a este destino se tarda el mismo tiempo que desplazarnos a Fuente Dé. Más o menos como una hora y cincuenta minutos: 146 kilómetros desde la puerta de casa. Esta propuesta está destinada a aquellos viajeros que eligen este enclave con el fin de moverse por la cornisa cantábrica y que tienen tiempo suficiente como para conocerlo.

Recorrer el norte de la provincia de Burgos es un placer por su naturaleza singular. Ya antes de llegar a nuestro destino habremos disfrutado mirando a uno y a otro lugar: es un paisaje de transición entre el verdor del norte y la aridez de la meseta castellana. Aunque la ruta también nos llevará a Frías, mi consejo es primero conocer esta localidad. Nos sorprenderá la afluencia de visitantes es menor que en cualquiera de los centros turísticos de Cantabria.

Este recorrido lo realizamos a finales de agosto y daba gusto saborear la mañana recreando la vista por los valles y montes que íbamos recorriendo.


En Oña hay una parte importante de edificación reciente y que no tiene mucho que ver con la arquitectura tradicional, por lo que nos dirigiremos al centro, a la soleada plaza donde se encuentra la Oficina de Turismo; nos propondrán un plan para pasar tres o cuatro horas plenas de actividades pero no agobiantes.

IGLESIA ABACIAL DEL MONASTERIO DE SAN SALVADOR.


Esta reja que está detrás de un sepulcro es del siglo XII.
Es la visita más seria de la jornada, aunque tiene la ventaja de que las explicaciones de la guía son lo suficientemente escuetas y precisas como para recorrer las dependencias sin fatiga mental. Algunos detalles que llaman la atención del visitante profano son los siguientes. En primer lugar, el acceso a través de una escalinata, la fachada y las vistas que hay de la plaza desde allí merecen la pena. Aparte de esto y de la antigüedad de todas las dependencias religiosas ligadas al nacimiento de Castilla, nos encontraremos con un panteón real y nobiliario que presenta la peculiaridad de que los sarcófagos son de madera, material que no suele ser el habitual en los enterramientos de gente tan señera. El altar y alguna imagen tallada, sobre todo de un Cristo yacente románico, llaman también la atención. En la sacristía encontramos muestras de tejidos del siglo XI: son pequeños detalles que se ofrecen a modo de deleites pasajeros y únicos. Además, es una iglesia en la que podremos admirar la evolución arquitectónica de todos los estilos que iremos viendo a medida que vayamos recorriendo el templo y el convento: el Románico, el Gótico, el Renacimiento —la sacristía es herreriana— y el Barroco. La verdad es que recordando la visita hay más puntos de interés que los que en un principio había querido resaltar, pues también hay que mencionar la amplia sillería del coro y el claustro gótico, obra de Simón de Colonia, donde por fin nos podremos explayar tirando todas las fotos que nos han prohibido sacar en el anterior recorrido de la visita.

TORRE DE SAN JUAN, MUSEO DE LA RESINA
Ya fuera, la siguiente propuesta, será subir a la torre anexa a la iglesia de San Juan. En el breve espacio que ha dejado la escalera de acceso a la parte más alta del campanario, hay un museo dedicado a la resina, pues hasta hace no muchos años, una ocupación tradicional era la extracción de esta sustancia de los numerosos pinares de la zona. A lo mejor ya nuestro nivel de atención ha disminuido, pero merece la pena un esfuerzo para leer las pequeñas explicaciones de los paneles informativos con el fin de formarnos una idea de la importancia de la resina, no en estos momentos, pero sí hasta hace nada.


JARDINES BENEDICTINOS: EL JARDÍN SECRETO

Y casi sin parar podemos recorrer este espacio anexo al convento, cuya visita se realiza libremente y sin coste alguno para el viajero. El monasterio, gestionado por los jesuitas en su etapa más tardía, albergó una numerosa colonia de estudiantes, casi como si fuera un centro universitario; de ahí la extensión de los edificios y del jardín aledaño. El complejo urbanístico está en desuso y medio abandonado, sin embargo, he ahí la genialidad de los responsables de potenciar la idea, han logrado resaltar ese patrimonio de interés paupérrimo con la integración dentro del mismo de un moderno espacio de exhibición artística: a medida que vayamos recorriendo el jardín descubriremos esculturas —unas más clásicas, otras más vanguardistas—, pinturas, fotografías, montajes diversos… que nos van a sorprender gratamente. Estas exposiciones, que son temporales, varían en cuanto al tema. Este año era el viento; el anterior, el agua. Y al final, una sorpresa: descubriremos una explotación piscícola del siglo XIX que criaba truchas y anguilas. Está formada por varios estanques que recogen el agua de un abundante manantial. Su canal, en sus buenos tiempos, era surcado hasta por una barca.










Un poco de publicidad personal...


Te presento esta novela ambientada en Salamanca que ha salido de mi pluma y acabo de publicar, por si te animas a leerla.

Lo puedes hacer en el blog https://asesinatoenelreinasofia.blogspot.com/2022/09/asesinato-en-el-reina-sofia-faltan-los.html excepto los últimos capítulos.

O bien la puedes conseguir en papel (16 €) o formato ebook (4,49 €) en varias plataformas on line, tanto en España, como en otros países -la forma más rápida es a través de AMAZON-:

-AMAZON (España)
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-CASA DEL LIBRO
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-PERÚEBOOKS (formato electrónico)
-CÚSPIDE (Argentina)
Etc.

Sinopsis

El asesinato de un diputado en un museo de Madrid lleva a un inspector inexperto a Salamanca, circunscripción por la que es electo el difunto. Durante la estancia en la ciudad se adentrará en el mundo académico, político y social en busca de indicios que expliquen los motivos que han llevado al verdugo a cometer tal atrocidad. El proceso indagatorio conducirá al detective a plantearse alguno de los principios por los que ha de regirse en su oficio, después de entrevistarse con testigos poco habituales que no parecen entristecerse con la muerte del político y que no aportan datos significativos del caso.

El ambiente de la localidad universitaria de principios de los noventa del siglo pasado, extraño para el protagonista, más la resolución del caso, le dejarán la sensación de fracaso de su valía profesional y, sobre todo, del papel que le corresponde como agente al servicio de la justicia. 

viernes, 22 de agosto de 2014

Ruta del Cares.

Aparcamiento. Si llegamos temprano, podemos aparcar prácticamente al inicio.
Salida: ruta desde Poncebos (Asturias) a Caín (León). Hasta Poncebos se tarda una hora y cuarto en coche desde casa.
Duración del recorrido: la ida nos puede llevar hasta tres horas y media porque las paradas para contemplar el paisaje son numerosas; la vuelta se realiza en menos de tres horas.
Necesidades: calzado adecuado para caminar –mejor unas botas. Si el día está lluvioso o soleado, todo lo necesario para caminar lo más a gusto posible según el tiempo. Hay que llevar agua; no encontraremos fuentes donde abastecernos hasta llegar a Caín. Llevad comida; si no queremos ir muy cargados, podemos preparar un bocadillo y luego comer en Caín donde hay varios restaurantes con menús a once euros.
La primera parte del recorrido es dura: son dos kilómetros de subida con pendientes considerables. Nos puede suponer casi tres cuartos de hora.
Mejor momento para recorrer la senda del Cares.
Se recomienda realizarla de mayo a octubre. A pesar de que nos podamos mojar, es preferible recorrerla un día nublado: el esfuerzo que haremos será mucho menor.
Subida desde Poncebos.
En los meses de verano la afluencia de personas es considerable, sobre todo por la mañana. A la vuelta, nosotros encontramos menos caminantes.
Parte de la subida inicial de dos kilómetros desde Poncebos.

Para los vagos o los que no estén muy en forma.
En Caín vimos varios taxis que creo acercan a Poncebos a aquéllos que solo quieran realizar la ida. No sé cuánto cobrarán, pero son más de dos horas en coche. Si regresamos andando probablemente no lleguen a las tres horas.
Un poco de historia de la senda del Cares.
La senda abierta en la pared de piedra del valle fue una obra de 1950 realizada para suplir las deficiencias de una primera oradada en el primer cuarto del siglo XX. Esta infraestructura se creó para canalizar el agua del río hacia la central hidroeléctrica de Poncebos. Fue una obra de gran envergadura en la que trabajaron quinientos obreros que tardaron más cinco años en finalizarla.
Comentario.
Carretera desde Panes a Arenas de Cabrales.
Contemplar el paisaje que vemos durante el recorrido de esta ruta del valle abierto por el río Cares es una experiencia que no nos podemos privar; en algún momento de nuestra vida se ha de recorrer. Ya para llegar al punto de partida, en la localidad de Poncebos, si se viene desde Panes, nos sorprenderá 
Carretera desde Panes a Arenas de Cabrales.

Asturias, mucho más montañosa que Cantabria. Nosotros nos aproximamos a Poncebos por la mañana temprano; el día estaba nublado y pudimos ver nubes y neblinas colgadas de los riscos: era el preludio de los espectaculares picos que jalonan a izquierda y a derecha toda la ruta.
La duración del recorrido puede asustar, pero es una marcha que tomada con tranquilidad, eso sí, con cierto ritmo al avanzar, se puede realizar sin problemas ya que la belleza de la montaña y el valle compensará la fatiga. Creo que hasta los niños con poco más de nueve o diez años la pueden recorrer.


Una vez recorridos los dos primeros kilómetros, esta es la panorámica que se nos ofrece a continuación. La senda transcurre por la mitad de la falda derecha.
Las cabras.
Nos las encontraremos en buena parte del camino. Están habituadas a las personas y están esperando a que interactuemos con ellas. Buscan sobre todo comida. Hay algunas que sospecho tienen reservado un lugar estratégico donde esperan a los excursionistas; en concreto, vimos una subida en un pretil a la entrada a uno de los túneles que estaba a la ida y luego a la vuelta. Creo que es mejor no darles nada, tienen de sobra de comida en el entorno para que ramoneen. 
El puesto de la cabra.
La senda es cómoda y llana, no siendo la primera parte.

Final del camino de ida; a tres minutos está Caín.