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miércoles, 16 de julio de 2014

La pareja de lagartos


Una de las ventajas de vivir en un pueblo –no mencionaré los inconvenientes, que los hay- es que uno se puede entretener de muchas maneras. A mí, que tampoco es que sea demasiado curioso, me relaja y me distrae observar y controlar cómo se van desarrollando las plantas, cómo saltan los miruellos por el prado, descubrir el pájaro guiándome por su canto, ver cómo evoluciona la incubación del jilguero o descubrir si están tomando el sol nuestros amables y tranquilos lagartos. Su lugar preferido es la pared semirruinosa que separa el huerto del vecino con la cambera. No soy yo solo el aficionado a verlos y sacarles fotos; muchas veces me acerco a visitarlos cuando veo a Cuca que los está observando; o es Gema la que me avisa de que están despanzurrados tomando el sol. Solamente por el placer de contemplarlos de cerca y comprobar que no se espantan, es para tomarles cariño; y si no los hablamos, es porque estamos seguros de que no nos van a entender y a lo mejor los impacientamos. Así que los observamos casi con fervor religioso. Yo miro para comprobar si están cuando paso con el coche o, incluso, doy un rodeo al ir a tirar la basura al contenedor por si tengo la suerte de que hayan salido. Casi siempre toman el sol en el mismo sitio: son una pareja y a veces están juntos y otras cada uno en lugar diferente, aunque no muy retirados el uno del otro. En cuanto a su carácter, podríamos decir que aunque son sociables, tal vez lo sea más la lagarta; él en ocasiones vuelve la cabeza y hace ademán de retirarse, aunque tan solo recula un poco hasta quedar en penumbra.

Una de las polémicas que mantenemos los vecinos es sobre el lugar en el qué viven: si es en algún hueco entre las piedras de la pared o en el prado que está en frente a donde a veces se dirigen cruzando la cambera. Según ellos viven en el prado y solo van a tomar el sol en las piedras; yo, en cambio, creo que viven en alguna oquedad de la pared y se dirigen al prado a alimentarse. Digo esto porque cuando las paredes de nuestra finca no estaban bien armadas he visto lagartos y enánagos y desde que las arreglé no me los he vuelto a encontrar. Pero no estoy seguro de que mi teoría sea cierta, aunque da igual y el caso es que cada verano podamos continuar disfrutando de la compañía de nuestros queridos lagartos.