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lunes, 11 de agosto de 2014

Monasterio de Santo Toribio de Liébana.


El interés de esta visita, si no se es muy religioso, es más bien simbólico. No es que no merezca la pena, pero probablemente el viajero se desilusione porque no verá grandes atracciones, a no ser la del propio paisaje que desde el enclave se muestra inconmensurable. Sí que tiene interés, si queremos adentrarnos en el mundo de los beatos; es decir, en el conocimiento de los códices manuscritos, copias de aquel Comentario al Libro del Apocalipsis de San Juan que en el año 776 realizara Beato de Liébana, abad del monasterio de Santo Toribio. Este es un género librario específicamente hispano. Pero para adentrarnos en estas obras deberemos visitar la exposición permanente que hay en la Torre del Infantado, en Potes. No obstante, en el propio monasterio hay una minúscula aproximación a lo que son los beatos en un muestrario que hay en el claustro. Mas, como he dicho, el viajero que llega al enclave, tiene la sensación de que la explotación turística del centro está subordinada a la profusión de la espiritualidad casi espartana de los franciscanos, la orden que regenta el convento. Este detalle se podrá observar si visitamos la tienda de regalos donde los objetos que se exponen a la venta son sobre todo religiosos.



Aparte de los beatos, el monasterio de Santo Toribio es importante porque en él se conserva el Lignum Crucis, el trozo más grande conocido de la cruz donde murió Jesucristo. La reliquia se cree que llega a Liébana probablemente en el siglo VIII. Desde ese momento, es venerada. Es en el XVI cuando los papas Julio II y León X instauran el jubileo con una indulgencia plenaria. Su Puerta del Perdón se abre al comienzo de cada Año Jubilar Lebaniego para recibir a los peregrinos. Junto a Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela y Caravaca de la Cruz, es uno de los lugares santos del cristianismo. El año jubilar comienza el año en el que la festividad de Santo Toribio, el 16 de abril, coincide en domingo, como, por ejemplo, este 2023.
Puerta de El perdón, que solo se abre en el Año Jubilar Lebaniego.
Fuente natural


Claustro donde se halla una pequeña exposición sobre los orígenes del monasterio y de los beatos.
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Los cuatro jinetes del Apocalipsis



Un poco de publicidad personal...


Te presento esta novela ambientada en Salamanca que ha salido de mi pluma y acabo de publicar, por si te animas a leerla.

Lo puedes hacer en el blog https://asesinatoenelreinasofia.blogspot.com/2022/09/asesinato-en-el-reina-sofia-faltan-los.html excepto los últimos capítulos.

O bien la puedes conseguir en papel (16 €) o formato ebook (4,49 €) en varias plataformas on line, tanto en España, como en otros países -la forma más rápida es a través de AMAZON-:

-AMAZON (España)
-AMAZON (EEUU)
-GOOGLE PLAY (formato electrónico)
-CASA DEL LIBRO
-LIBRERÍA DE LA U (Colombia)
-PERÚEBOOKS (formato electrónico)
-CÚSPIDE (Argentina)
Etc.

Sinopsis

El asesinato de un diputado en un museo de Madrid lleva a un inspector inexperto a Salamanca, circunscripción por la que es electo el difunto. Durante la estancia en la ciudad se adentrará en el mundo académico, político y social en busca de indicios que expliquen los motivos que han llevado al verdugo a cometer tal atrocidad. El proceso indagatorio conducirá al detective a plantearse alguno de los principios por los que ha de regirse en su oficio, después de entrevistarse con testigos poco habituales que no parecen entristecerse con la muerte del político y que no aportan datos significativos del caso.

El ambiente de la localidad universitaria de principios de los noventa del siglo pasado, extraño para el protagonista, más la resolución del caso, le dejarán la sensación de fracaso de su valía profesional y, sobre todo, del papel que le corresponde como agente al servicio de la justicia. 


SANTA MARÍA DE LEBEÑA.



El viajero que ha logrado atravesar el zigzagueante desfiladero de la Hermida sin marearse puede detenerse una hora a visitar una  joya del arte mozárabe en Cantabria, como es esta pequeña iglesia y su entorno. Nos sorprenderá antes de entrar en el recinto religioso el paisaje de majestuosos picos y crestas  de las montañas que rodean el sitio. Miremos por donde miremos veremos las imponentes cumbres que desafían el cielo y causan respeto y admiración en  el viajero. Es un lugar tranquilo donde reina el silencio armónico de una naturaleza idílica en el caso de que el día esté soleado, o bien el temor a la ignota inclemencia de un cielo amenazante de lluvia. De esta belleza parecen disfrutar los difuntos del pequeño cementerio que a manera de alfombra se encuentra en la entrada del templo. Ese camposanto no crea la inquietud de lo finito, sino la rememoranza cálida de aquéllos que nos precedieron.
No está mal entrar en la pequeña iglesia y oír las explicaciones de la guía. Ahora, antes era su tía, es una joven graciosa que en unos breves minutos explica el origen de la edificación, la leyenda asociada a las personas ligadas a ella y algún detalle arquitectónico, mezclada la explicación con algún chascarrillo o anécdota. Acercaos a ella, pues su peculiar forma de disertar y la mala acústica del templo os impedirá discernir su discurso. Aunque la rigurosidad del mismo es tambaleante, no dudéis de que los datos que aporta no son muy diferentes a los aportados por los sesudos estudios que hay de la iglesia.
En cuanto al interior tampoco es que haya mucho que admirar: las columnas, los arcos de herradura, la piedra de origen céltico… No sé las veces que he visitado la iglesia, pero esta última vez me ha dado la impresión de que algo se ha cambiado. En las anteriores ocasiones me impresionaron los arcos, la belleza simple del recinto. En esta última, han perdido protagonismo estos detalles. No estoy seguro, pero quizá hayan pintado las paredes: la luz interior creo que no es la misma; o tal vez, no hay que dudarlo, mi forma de ver haya cambiado. En todo caso, es preciosa.
Y el exterior de la edificación es igual de bello: es una iglesia intimista, de juguete. Si alguna vez tuviera que construir una iglesia, no sería muy diferente a ésta.
Detalles de los canecillos, todos con una decoración muy parecida.
No pensaría en un gran edificio donde albergar a muchas personas, sino una edificación con dependencias acogedoras donde sentarnos yo y mi gente a contemplar en silencio la existencia breve y vibrante de nuestra vida. Hay otros dos detalles singulares ligados al templo, en su exterior: un tronco requemado de tejo que al verlo me apenó pues lo he visto vigoroso muchas veces, y un brote de olivo milenario. Esos dos árboles simbolizan la simbiosis de dos culturas: el norte y el sur, de donde procedían dos personajes casi legendarios ligados a la fundación de la iglesia. El otro detalle es la torre erigida a petición de los vecinos que se encuentra al lado. Es reciente pero muy bien acoplada al conjunto; imita el estilo mozárabe.
Estela cántabra.

Imagen de la torre añadida.
 
Detalles geométricos de la banda que rodea el edificio.

Panel informativo del enclave.
Panel informativo del enclave.





viernes, 28 de febrero de 2014

Iglesia de Cigüenza

A escasos dos kilómetros de nuestra casa se encuentra esta singular iglesia barroca, que es paso obligado de los peregrinos del Camino de Santiago en su variante Norte. Se encuentra en Cigüenza, pueblo de Alfoz de Lloredo, situado a un kilómetro de Novales. Normalmente está cerrada y no se puede visitar; de todas maneras, según mi punto de vista, lo más interesante es el paraje en el que se encuentra y el propio aspecto exterior. Es un lugar que trasmite paz, serenidad... También un poco de melancolía porque no muestra el vigor y el anhelo del ímpetu con el que seguramente se erigió. Me imagino que de vez en cuando habrá algún oficio religioso; incluso, en los veranos suele albergar algún concierto de música clásica, pero el resto del tiempo, me da la sensación de que está sin uso, aunque hay que decir que el entorno está cuidado.

El promotor de la construcción en1743 es un indiano de nombre Juan Antonio de Tagle-Bracho, nacido en esta localidad, emigrado a Perú.
Fue declarada Bien de Interés Cultural en el año 1992.
Es un edificio barroco en el que se notan las influencias del barroco colonial, en concreto del peruano. Toma como modelo la iglesia de las Capuchinas de Lima




domingo, 21 de octubre de 2012

El Capricho de Gaudí en Comillas

Una visita a Comillas, es más, a Cantabria, sin conocer El Capricho, del arquitecto modernista Antonio Gaudí, me atrevería a decir que no está completa. Hasta hace poco solo se podía visitar por fuera, pero ahora se puede entrar en la casa y deambular libremente por sus dependencias. Es verdad que hay que pagar cinco euros, pero merece la pena. En los últimos tiempos habían intentado explotar un negocio de hostelería en él -hay que decir que es de propiedad privada-, pero, con buen criterio, desde el punto de vista del que escribe esto, es mucho mejor permitir la visita a los muchísimos viajeros que llegan a la villa de Comillas. 
Ha mejorado incluso las vistas del exterior, sobre todo de las escaleras del jardín, al quitar las mesas de la terraza; pero también el rincón donde se halla la estatua del arquitecto contemplando su obra, y la cueva que hay un poco más arriba.
Ya en su interior, merece la pena sentarnos unos minutos a ver el vídeo informativo, ya que encontraremos más sentido a las dependencias que recorramos a continuación. Tal vez lo más bonito sean los pequeños miradores-bancos hechos con hierro forjado (Gaudí era hijo de herrero). He estado allí hace unas semanas, ya fuera de temporada, por la tarde y me he dado el gusto de leer un ratito sentado en uno de ellos. A parte de estos placeres, los ángulos y perspectivas que se ven desde dentro, desde estos balcones y desde las terrazas que hay en todas las fachadas, son singulares.
Hay que decir que por dentro la mayoría de las dependencias están desnudas -bueno, hay algo de mobiliario pero destinado a reuniones de negocios porque el edificio sigue ofreciéndose para esos menesteres-, aunque hay algunos detalles que no nos podemos perder: chimeneas, vidrieras, los artesonados o el techo del invernadero, los propios azulejos, todos casi iguales, con el motivo del girasol...; Gaudí era un apasionado de las artes decorativas. Este motivo, el del girasol, no es baladí. Parece que el diseño del edificio y sus habitaciones se planteó pensando en las actividades de sus inquilinos para que en cada momento recibiesen la luz del sol, como el girasol.